Idolatría Natural

natural-idolatry

 

Traducción: Valeria Ramírez Solís

Fuente: https://purelypresbyterian.com/2020/05/18/natural-idolatry/

William Perkins

Comentario en Hebreos 11:6

“Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay” (Hebreos 11:6)

Aquél que tiene comunión con Dios en Cristo debe primero creer que Dios es. Esto es, no tanto que haya un Dios -como hemos sido enseñados a la luz de la naturaleza -sino que este Dios, quién en Cristo trabaja para conocer y acercarse, ese es el Dios verdadero y único.

Este es un punto notable en la religión cristiana a creer: que Dios es Dios en verdad, no una ficción, no una sombra, ni un Dios imaginario, sino que es Dios en efecto. Este es el alcance del primer mandamiento que Dios dio a la humanidad. Si algún hombre se opone a que no hay hombre que conozca a Dios, pero confiesa que Dios es Dios; no habría hombre que estuviera tan enojado como para alguna vez pensar lo contrario – Respondo, creer que el verdadero Dios ha de ser ser Dios en efecto, es un asunto de gran complejidad. Aunque un hombre por naturaleza piense que hay un Dios, no creemos por naturaleza que el verdadero Dios es Dios. No, por naturaleza, cada hombre es un ateo y niega en su corazón que el verdadero Dios ha de ser Dios y rechaza el primer mandamiento sobre todos lo demás. Y esto puede ser afirmado de manera verdadera y segura que todos los hombres que alguna vez vinieron de Adán (excepto solo Cristo) por naturaleza eran ateos, y puede probarse así.

Por naturaleza, a pesar de que sabemos y creemos que “hay un Dios” la corrupción de nuestra naturaleza es tal que enmarcamos a Dios y lo obligamos a ser alguien como nosotros parezcamos. Porque negamos en nuestros corazones su poder, su presencia y su justicia. Pero al quitar todo esto de Él, negamos que el verdadero Dios sea Dios en efecto.
Primero, los hombres por naturaleza niegan la presencia de Dios. Ya que los hombres se avergonzarían de hacer muchas cosas en la presencia de cualquier hombre, incluso en el mundo más bajo, cuando están fuera de la vista de los hombres. Sin embargo, en la presencia de Dios, ellos lo hacen descuidadamente y audazmente. No hablo de acciones naturales, las cuales son legales, y aún en muchas de ellas no hay tanta vergüenza como en los hombres que se niegan a realizarlas ante los demás; sino, que me refiero a las acciones pecaminosas, las cuales no son por inmundicia natural, sino que incluso por su suciedad y fealdad son pecados atroces que los hombres temerían hacer si alguien más estuviese presente. Al ver que los hombres no temen, ni se avergüenzan de ellos, aunque estén en la presencia de Dios, se deduce que, por lo tanto, naturalmente imaginan que Dios no está presente -ya que, si ellos estuvieran tan persuadidos, ellos no los cometerían, aunque ellos estimen que Dios no es mejor que un hombre.

En segundo lugar, los hombres por naturaleza niegan el poder de Dios, por lo tanto: cuando un hombre ofende a un magistrado por violar cualquier ley que pueda merecer la muerte o algún gran castigo, tiene mucho miedo y todo lo que le importa es cómo él pueda escapar de la mano castigadora. Pero si un hombre ofende a Dios al romper descuidadamente todos sus santos mandamientos, nunca teme ni tiembla ante el castigo que le pertenece. ¿Cómo puede ser esto? Independientemente de lo que el hombre ceda, hay un Dios, pero no está convencido de que Dios tiene poder para vengar el desprecio de sus leyes. Y, por lo tanto, nunca teme ni piensa en el recuerdo de Dios, ni vuela en lo absoluto de la mano vengativa de Dios, sino que continúan en pecado sin temor.

En el tercer lugar, el hombre niega la justicia de Dios. Ya que la justicia de Dios no guiña al pecado en ningún hombre, sino que lo condena y lo castiga dondequiera Él lo encuentre, inflingiéndole las maldiciones de la ley. Pero el hombre niega la justicia, aún cuando él peca contra la ley de Dios, y su conciencia lo acusa, él se persuade a si mismo de que no hay maldición, ni castigo para ello – al menos que él pueda escapar. No, aunque él vea a muchos castigados por ese mismo pecado, aún así (nuestra naturaleza es tan ciega y tan corrupta) piensa que no le pesará. Y es lamentable pero muy cierto que el dios de los hombres ignorantes es un mero ídolo, un dios hecho de misericordia y el cual no tiene justicia en él del todo. Y que sus pecados son descuidadamente puestos en Cristo, diciendo que Dios es misericordioso. Este engreimiento no le importa cuán ignorantes, cuán vagamente, cuán profanamente ellos vivan; en sus corazones nunca han tenido un pensamiento reverente, sino más bien horrible de la justicia de Dios.

Estas son las imaginaciones lamentables que todo hombre por naturaleza tiene de Dios. Todo esto puede ser probado por la evidente Escritura: la primera evidencia está en Salmos donde David muestra a los malvados diciéndose a sí mismos: “Dios ha olvidado; Ha encubierto su rostro; nunca lo verá” (Salmos 10:11-13). Segundo, la blasfemia de Rabsaces, quien pronunció con su lengua lo que los corazones de todos los hombres piensan por naturaleza: “¿Qué Dios puede liberarte de mis manos? (Isaías 36:18-19, etc). La tercera evidencia es cuando Isaías aparentemente muestra lo que los malvados dicen: “Pacto tenemos hecho con la muerte, e hicimos convenio con el Seol; cuando pase el turbión del azote, no llegará a nosotros, porque hemos puesto nuestro refugio en la mentira, y en la falsedad nos esconderemos” (Isaías 28:15).

Por lo tanto, tanto como la Escritura y las simples demostraciones prueban que esto es cierto, cada hombre por naturaleza niega la presencia de Dios, su poder y su justicia. Por lo tanto, estos son los ateos, los que no creen que Dios es Dios efectivamente. Además, hay cuatro tipos de personas que practican este ateísmo.

Primero, los que no se avergüenzan de decir abiertamente “¿Hay un Dios o no?” y se atreven a discutir la pregunta y finalmente responden “No hay ninguno”, pero todo lo que concierne a Dios y su adoración no son más que dispositivos de los hombres políticos para mantener al hombre simple asombrado y hacer tontos a los tontos. Pero estos mismos son los tontos de todos los tontos, y el diablo ideó esa vanidad impía para mantenerlos en una ceguera miserable. Ha habido tontos en todas las edades, pero en los viejos tiempos, David dice “Dice el necio en su corazón” (Salmos 14:1). Pero ahora los tontos de estos podridos tiempos han madurado en su locura, y se atreven a decir con sus bocas “No hay Dios”.

Estos son monstruos en estado natural y demonios encarnados, peores que el diablo mismo, ya que en su propio juicio nunca fue un ateo. Estos deben ser marcados y odiados peor que sapos y víboras. Y si tal persona puede ser condenada con cualquier evidencia legal, considerando que un hereje o un traidor han merecido la muerte, tal persona merece diez muertes como traidor a Dios, a la humanidad y a la misma naturaleza. Y aunque estos miserables dicen que no hay Dios, aún se hacen dioses de sí mismos, sacrificando todos sus afectos a su placer y beneficio.

El segundo tipo son aquellos que reconocen y adoran un dios falso. Estos han estado en todos los países y en la mayoría de los siglos, como lo demuestran las historias -algunos adorando al sol, otros a la luna, otros a las estrellas, otros a las bestias, pájaros, peces; incluso a ídolos muertos de madera, piedra o metal. Y personas de este tipo están en iglesias donde el verdadero Dios es adorado. El apóstol dice “la codicia es idolatría”, porque si el corazón de un hombre se basa totalmente en la riqueza, entonces la “cuña de oro” es su dios. Y para otros, cuyos afectos están en el placer donde “su barriga es su dios”. Dejen a esos hombres ser juzgados como puedan, sus prácticas proclaman ateísmo, de esto estoy seguro.

El tercer tipo son aquellos que reconocen y adoran al verdadero Dios, pero de una manera falsa. Y de estos hay tres tipos principales: primero, los turcos, segundo, los judíos, quienes poseen al verdadero Dios, pero niegan la Trinidad y la deidad de Cristo. Y en tercer lugar, el verdadero papista quien sostiene en la palabra un Dios y la Trinidad como nosotros -pero en su doctrina, (si es que sus palabras tuvieran algún significado natural) ellos lo niegan, porque si la segunda persona es el verdadero Cristo, entonces Él tiene dos naturalezas, la divina y la humana. Pero por su transubstanciación fingida, ellos quitan la verdad de la naturaleza humana.

Y nuevamente, Cristo tiene tres oficios: Él es el verdadero Rey, Sacerdote y Profeta de su iglesia. Y si esto no fuera cierto, Él no sería Cristo. Pero en la doctrina de los papistas en simples palabras y las consecuencias necesarias niega todo ello, como se ha demostrado a menudo para su vergüenza para con el mundo. Y nunca, hasta el día de hoy pudieron o se atrevieron a responder, ya que si lo hacen ellos tendrán que escucharnos otra vez o nosotros podríamos ser retractados. Pero pareciera que su Dios es por doctrina, no el verdadero Dios, sino que un ídolo, ya que “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1 Juan 2:23), como dice Juan.

El cuarto tipo de ateo son aquellos que reconocen y adoran al verdadero Dios y lo adoran de una manera verdadera de adoración, pero en sus vidas y obras lo niegan. Y estos no deben buscarse en Turquía, en los judíos o en Italia, ya que todas las iglesias están llenas de tales protestantes ateos. Italia puede que tenga más ateos en juicio que nosotros, pero estos hipócritas y ateos están aquí también. Sus cizañas están entre nuestro maíz. De ellos habla el apóstol que “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tito 1:16). Que esto no parezca sorprendente que tales hombres sean llamados ateos, el apóstol dice claramente “porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8). Lo que parece un hombre que pueda ser un profesor del evangelio o un cristiano que lo profesa y, al mismo tiempo un infiel o ateo en la práctica. Y es cierto, cualquier hombre que profese lo que quiera, su vida es nula, su religión es una religión falsa en él.

Ahora bien, para cerrar el punto con el uso del mismo. Si esto ha de ser cierto, que haya muchos tipos de ateos que en el mundo está casi lleno y que nosotros lo somos por naturaleza, entonces primero, veamos qué difícil es creer en Dios correctamente. Y si ningún hombre “viene a Dios”, sino que cree en Dios correctamente, entonces podemos ver que no es una maravilla, aun cuando pocos vienen a Dios. Por lo tanto, vayamos a Dios con fervorosa oración para que nos de su Espíritu para obrar con verdadera fe en nuestros corazones y hacernos creer de verdad. En segundo lugar, al ver hombres que profesan ser cristianos y ateístas en la práctica, mirémonos a nosotros mismos y unámonos con la profesión de nuestra conciencia y obediencia – de lo contrario, cuanto más conocemos a Dios, peor somos. Puede que agrade a Dios el darnos mejores mentes, pero aún así no somos mejores que los que niegan a Dios. Y aunque nos acerquemos a Dios profesándolo y en su servicio externo, aún así estamos lejos de Él, ya que queremos una verdadera fe que deba profesar a Dios no sólo en el juicio, sino en la práctica. Eso nos traerá cerca de Dios “porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay” (Hebreos 11:6).

 

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