Un llamado a Reflexionar

 

crisis

 

Escrito por Pablo Flores Figueroa.

“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.”

                                                                                                               S. Juan 15:4

 

Estos últimos días han sido una oportunidad para pensar y meditar sobre la vida cristiana. La piedad en la cual cada uno de nosotros (protestantes y evangélicos) deberíamos estar sumergidos, muchas veces, es solo una mascara de apariencia externa. Lamentablemente el mundo está muy pendiente de los pecados de la iglesia, precisamente para desacreditar la veracidad del mensaje de ésta. Pero ¿qué nos dice la Palabra de Dios? “Permaneced en mí”. La palabra usada es μένω (ménō: Permanecer; quedarse; perseverar), en la cual encontramos un llamado (en imperativo en voz activa) a estar en Cristo. Cuando la iglesia pierde de vista a Cristo, no persevera en la verdad, no permanece en ella y por lógica, no da los frutos de los cuales la Escritura habla. La única forma de seguir «limpio» (podado) y de dar fruto es mantener una conexión espiritual vital con Cristo (la vid). Matthew Henry comenta:

“La unión de la naturaleza divina con la humana, y la plenitud del Espíritu que hay en Él, recuerdan la raíz de la vida que fructifica por la humedad de la buena tierra. Los creyentes son los pámpanos de esta Vid. La raíz no se ve y nuestra vida está escondida con Cristo; la raíz sustenta al árbol, le difunde la savia, y en Cristo están todos los sustentos y provisiones. Los pámpanos de la vid son muchos, pero al unificarse en la raíz no son sino una sola vid; de este modo, todos los cristianos verdaderos, aunque disten entre sí en cuanto a lugar y opinión, se unen en Cristo. Los creyentes, como los pámpanos de la vid, son débiles e incapaces de permanecer, sino como nacieron. —El Padre es el Dueño de la vid. Nunca hubo un dueño tan sabio, tan cuidadoso con su viña como Dios por su Iglesia que, por eso, debe prosperar. Debemos ser fructíferos. Esperamos uvas de una vid, y del cristiano esperamos un temperamento, una disposición y una vida cristiana.”

Cada uno de los escándalos que la iglesia ha vivido en la historia se deben definitivamente a que han quitado su mirada de Cristo. Hoy la iglesia nuevamente pasa por un momento de crisis. Los líderes y pastores que una vez juraron honrar y buscar la gloria de Dios han caído en graves pecados buscando la gloria de los hombres. ¿Donde está el temperamento, la disposición y la vida cristiana? O mejor dicho ¿qué es la vida cristiana? Juan Calvino escribe: “Cualquier hombre, que, por su conducta, muestra que él es un enemigo de la sana doctrina, cualquiera que sea el título del cual pueda mientras tanto vanagloriarse, ha perdido todo título de autoridad en la iglesia” (La Necesidad de Reformar la Iglesia).

Creo que hoy más que nunca se nos demanda no solo el conocimiento debido de la verdad, sino que esa verdad sea experimental. No podemos hacer caso omiso en este urgente asunto, ya que si continuamos con la lectura de Juan 15 vemos que aquellos que no permanecen en Cristo son cortados, y ante esto podemos ver claramente que las señales de un verdadero creyente son los frutos, una vida en santidad, piedad y abnegación que busca en todas las esferas de la vida glorificar a Dios. Ahora te pregunto ¿estamos en Cristo? Espero que podamos juntos examinar nuestro corazón ante la Palabra de Dios.

Existe una gran necesidad a nuestro alrededor de Cristo, pero si no estamos en él vivimos una ilusión, una mentira de cristianismo que nos lleva a un desastre de gran envergadura.  El mundo necesita a Jesucristo, pero si no estamos arraigados y cimentados en el jamás seremos luz ni sal en este caído mundo. Jamás daremos frutos.

Nuestra Confesión de fe dice: “Aquellas buenas obras realizadas en obediencia a los mandamientos de Dios son los frutos y evidencias de una fe viva y verdadera: mediante ellas los creyentes manifiestan su gratitud, fortalecen su confianza, edifican a sus hermanos, adornan la profesión del evangelio, tapan la boca de sus adversarios y glorifican a Dios; pues son hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, para que llevando fruto para santidad, tengan como fin la vida eterna.” (CFW, XVI.2)

Dios nos ayude queridos hermanos a vivir realmente una vida que glorifique su nombre, y que muchos conozcan a Jesucristo como Señor y salvador de sus vidas, a través de una predicación experimental.

Para terminar dejo las sabias palabras del Dr. Martyn Llod Jones:

“Muchos de nosotros tenemos que admitir que estamos tan ocupados con nosotros mismos y nuestros problemas personales que solamente hablamos de eso, y nunca nos detenemos por un momento a considerar a la iglesia objetivamente, ver su condición y empezar a lamentarnos por su condición”

 

Es tiempo de orar y actuar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s