Distorsiones Dispensacionalistas con Respecto a Cristo

tardanza

 

Kenneth L. Gentry, Jr., Th.D.
1° de Marzo, 2005

Debido a mi trasfondo dispensacionalista se me pide de vez en cuando que hable sobre el tema del dispensacionalismo y que dé una crítica Reformada de algunos de sus errores más destacados. Aunque el dispensacionalismo parece estar desvaneciéndose como fuerza intelectual sigue siendo bastante popular como fenómeno cultural, como testifica el enorme éxito de la serie de libros “Dejados Atrás.” Por consiguiente, los Cristianos necesitan considerar cuidadosamente el dispensacionalismo y sus implicaciones teológicas.

En este artículo subrayaré una serie de distorsiones dispensacionalistas que siento que son dañinas para una equilibrada cosmovisión Cristiana. Cada uno de estos errores impacta nuestro entendimiento de Cristo y Su ministerio, haciendo que el asunto sea de interés particular para los evangélicos.

El Reinado de Cristo es Futuro

Primero, el dispensacionalismo clásico niega la presencia contemporánea del Reino de Cristo. Wayne House y Thomas Ice escriben, “Cualquier dinámica que Dios les haya dado hoy a los creyentes no quiere decir que el reino Mesiánico esté aquí. Lo vemos como algo totalmente futuro.”1

La visión dispensacionalista requiere la presencia física de Cristo en la tierra para poder gobernar Su Reino. Los dispensacionalistas no aceptan la noción Reformada de que el Reino y el Reinado de Cristo son ambos espirituales. A menudo se quejan diciendo: “No puedes decir que el Reino está presente cuando el Rey está ausente.” Este argumento tiene un impacto persuasivo al escucharlo de primera entrada. Pero  su fuerza es sentida solo por aquellos que no piensan cuidadosamente en las implicaciones de la afirmación. La belleza de este argumento en verdad que es solo como una capa delgada de piel.

Un problema inmediato con esta declaración es que Satanás tiene un reino presente del mal (Mat. 12:26; Juan 12:31; 14:30; 16:11), aún cuando él solo se halla presente espiritualmente (Efe. 2:2; 2 Cor. 4:4; Efe. 6:12). Pero un problema más serio es que Cristo enseñó claramente que Él estableció Su Reino cuando vino a la tierra. Inspeccionemos algo de la evidencia.

En Marcos 1:15, al principio de Su ministerio, Cristo dice: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado.” Note que ha llegado el tiempo decretado proféticamente; el Reino fue declarado cercano – no a 2000 (¡o más!) años de distancia. Un poco más tarde en Su ministerio, mientras ejercía poder sobre Satanás, el Señor señala: “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mat. 12:28). Y sabemos que en realidad echó fuera demonios por el Espíritu de Dios, de modo que, por deducción lógica, Cristo mismo ha declarado que Su Reino ha llegado.

Cristo incluso profetizó que su venida con gran poder sería vista por Sus oyentes: “También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder” (Marcos 9:1, énfasis añadido). Parece haber aquí una distinción necesaria entre la “venida” del Reino (que en Lucas 17:20-21 es tanto sutil como presente) y la venida del Reino “con poder” (que en la destrucción del templo fue dramática y futura, desde la perspectiva de Cristo).

Parece no haber escapatoria al hecho de que algunos quienes literalmente se encontraban en presencia de Jesús vivirían (“no probarían la muerte”) hasta ese tiempo, aunque por esa misma expresión se implica que algunos, de hecho, probarían la muerte antes de ese evento. Por consiguiente, Cristo enseñó que la venida del Reino “con poder” ocurriría en esa generación, aún cuando sería algo después de cuando Jesús habló (y, por ende, no es la Transfiguración que sucedió solo seis días después).

En Colosenses 1:13 Pablo escribe de nuestra salvación presente: “el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.” Juan concuerda en Apocalipsis 1:6, 9: “y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre… Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo.”De hecho, estamos ahora reinando con Cristo, pues Pablo  en Efesios 2:6: “y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (cf. Rom. 6:5; 8:17; Col. 2:13; 3:1-3; Apoc. 20:4).

El dispensacionalismo distorsiona la enseñanza de Cristo respecto a la venida de Su Reino, que fue el punto dramático de todo Su ministerio. En otras palabras, una razón de primera importancia para la primera venida de Cristo – ser entronizado gloriosamente como Rey Mesiánico (Isa. 9:6, 7; Lucas 24:26; Juan 12:23; 17:5; 18:37; Hch. 2:30-34; 1 Ped. 1:11) – ¡sepierde en el dispensacionalismo!

El Reinado de Cristo es Político

Segundo, el dispensacionalismo plantea un reino carnal y político, en lugar de un reino espiritual y redentor. El dispensacionalismo tiene a Cristo sobre un trono físico en la Jerusalén terrenal administrando los asuntos cotidianos políticos y burocráticos del mundo. Citando una vez más a House y Ice, aprendemos: “La voluntad de Dios en el cielo será traída a la tierra. Pero no hasta que Cristo gobierne físicamente desde Jerusalén.”2

Pero Cristo y los escritores del Nuevo Testamento descartan claramente tal cosa cuando enseñan que Su Reino es un reino espiritual arraigado en el corazón (aunque sin negar su impacto externo). En Lucas 17:20-21 Cristo contradijo las tendencias Sionistas de los Fariseos cuando negó un reino terrenal y político introducido por medio de la intervención catastrófica: “Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros” (énfasis añadido). Pablo retoma el tema y promueve la naturaleza espiritual del Reino cuando escribe que “el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom. 14:17).

Cuando Cristo se hallaba ante Pilatos repitió la misma verdad. En Juan 18:36 leemos: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían.” El Suyo no era un reino político como el del César, que requería un ejército. Esto probablemente explique porqué le preguntó a Pilatos donde había obtenido su información (Juan 18:33, 34). Si la hubiese escuchado de los Judíos, Pilatos habría escuchado una mala interpretación de la naturaleza del Reino (ver Juan 6:15); si la hubiese escuchado de Jesús hubiera sabido lo que Jesús se proponía.

El dispensacionalismo descarta la gloria espiritual del gobierno presente de Cristo al negarlo. Y esto a pesar del registro Bíblico.

La Segunda Humillación de Cristo

Tercero, el dispensacionalismo hace que Cristo soporte una segunda humillación al dejar el cielo (el cual es Su trono) para regresar a gobernar sobre la tierra (la cual es el estrado de Sus pies) solo para que al final Su Reino personal sufra una rebelión en contra. Un aspecto importante de Su humillación fue Su habitación en el polvo de la tierra y el sufrir abuso durante Su ministerio. House y Ice escriben que en la visión postmilenial, “El Mesías se halla en el cielo y se encuentra sólo místicamente presente en su reino. Su ausencia de la tierra durante su reinado priva al Mesías de su momento de gloria y exaltación terrenales.”3

Pero la Escritura enseña con respecto al regreso de Cristo al cielo ¡que este no es un lugar donde Él esté siendo privado de algo! Debemos entender la gloria majestuosa que le es propia, la cual surge de Su ascensión al cielo. ¿Acaso no oró al Padre justo antes de la cruz: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:5)? Él se estaba preparando para salir de la tierra y entrar al cielo. Él consideraba que aquello era glorioso, ¡no una privación de gloria!

Efesios 1:20-22 habla de su condición gloriosa en el cielo: “la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales,sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia.” El mismo concepto se repite en Filipenses 2:9: “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre.” 1 Pedro 3:22 concuerda: “quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades.”

Según el dispensacionalismo clásico, ¡esto es una privación de Su gloria!

Lo que es peor es que el “momento de gloria” que Cristo tiene durante Su reinado milenial ¡termina en caos y rebelión! J. Dwight Pentecost declara que hacia el fin del Reino milenial Satanás “sale para engañar a las naciones, con el objetivo de dirigir una revuelta final contra la teocracia de Dios.”4 Pentecost admite que “no se entiende como una multitud, ‘el número de los cuales es como la arena del mar’… pudiesen rebelarse contra el Señor Jesucristo, cuando han vivido bajo Su benevolencia todas sus vidas.”5

Como John F. Walvoord lo expresa: “De este modo la última rebelión gigantesca del hombre se desarrolla contra el reinado soberano de Dios en el que los impíos encuentran su Waterloo. A medida que se reúnen para la batalla en Apoc. 20:9, la gran hueste dirigida por Satanás, y llegando desde todas las direcciones, rodea el campamento de los santos. La palabra para ‘campamento’… parece referirse a la misma ciudad de Jerusalén la cual es descrita como ‘la ciudad amada.’”6

¡Según el dispensacionalismo clásico el “momento de gloria” de Cristo termina en caos y en un fracaso final! El momento de gloria para el dispensacionalismo – asignado a Jesús – le pone de regreso en el polvo de la tierra para que pueda personal y físicamente administrar un reino que eventualmente se rebela en Su contra y le ataca tanto a Él como a su capital.

Conclusión

Los errores que acabamos de examinar son errores serios. El dispensacionalismo tiene problemas significativos – no intrascendentes – e inherentes relativos a la visión de Cristo y Su ministerio. Es importante que reconozcamos que el debate con respecto al dispensacionalismo no es sobre pequeños detalles de los complejos eventos de los tiempos del fin. El dispensacionalismo, sin darse cuenta, reduce la gloria de la persona y obra de Cristo.

Kenneth L. Gentry, Jr., es Rector del Christ College en Lynchburg, Virginia, y Pastor de la Iglesia Presbiteriana Fairview en Carolina del Sur. Es el autor de casi veinte libros, muchos de los cuales tratan con asuntos escatológicos. Tiene un sitio web que ofrece sus productos educativos: http://www.kennethgentry.com.

Traducido con permiso expreso del autor por Donald Herrera Terán para http://www.contra-mundum.org

1 H. Wayne House y Thomas D. Ice, La Teología del Dominio: ¿Bendición o Maldición? (Pórtland: Multnomah, 1988), 220

2 House y Ice, La Teología del Dominio, 160.

3 Ibid., 240.

4 J. Dwight Pentecost, Eventos del Porvenir (Grand Rapids: Zondervan, 1958), 548.

5 Ibid., 551.

6 John F. Walvoord, El Apocalipsis de Jesucristo (Chicago: Moody Press, 1966), 304.

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