¿QUE HACE QUE NUESTRAS OBRAS SEAN REALMENTE BUENAS?

perkins

Traducido al español por: Idilme H. Casanga

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro padre que está en los cielos.” (Mateo 5:16).

WILLIAM PERKINS, SOBRE LAS BUENAS OBRAS, UNA EXPOSICIÓN DEL SERMÓN DE CRISTO EN EL MONTE, OBRAS, VOL.1, PP. 233-242

Ahora, ya que Cristo requiere de cada ministro, además de enseñar, la evidencia de buenas obras en una vida piadosa, por consiguiente, aquí tratare este asunto de las buenas obras: primero, qué es una buena obra; segundo, las diferencias de las buenas obras; y luego la necesidad, dignidad y uso de las buenas obras.

1. UNA BUENA OBRA DESCRITA.

Una buena obra es una obra ordenada por Dios y realizada por un hombre regenerado en la fe, para la gloria de Dios en el bien del hombre.

1. LAS BUENAS OBRAS DEBER SER ORDENADAS POR DIOS.

En primer lugar, (digo) es una obra ordenada por Dios, porque la voluntad de Dios es la bondad misma y la regla de toda bondad en la criatura, y cada cosa buena es por lo tanto buena, ya que es responsable ante la voluntad de Dios. Por lo tanto, ninguna obra puede ser buena a menos que sea designada, decretada y ordenada por Dios. Los hombres pueden inventar y realizar muchas buenas obras, pero no hay bondad en ellas a menos que se hagan de acuerdo a la voluntad de Dios. De nuevo, las buenas obras deben ser realizadas en obediencia a Dios. Ahora, a menos que Dios las designe, su realización no puede ser obediencia a su voluntad. En tercer lugar, la adoración de la voluntad, mediante la cual los hombres confían a Dios sus propias invenciones para su servicio, es condenada en todas partes (Deut.12:32; Col.2:22-23), y de naturaleza similar son todas esas acciones, donde los hombres mismos sujetan la bondad sin la voluntad y el designio de Dios. Este punto debe ser recordado, porque la iglesia de Roma enseña lo contrario; que un hombre puede realizar buenas obras sin que se requiera o no la voluntad de Dios. 74 Pero las razones anteriores muestran que esto es falso, y los argumentos que aportan para su opinión, son nada más que el abuso de la Escritura, tal y como puede aparecer en los siguientes argumentos.

Objeción 1. Primeramente, dicen que los judíos hacían ofrendas voluntarias (Lev.7:16), las cuales no estaban ordenadas por la palabra, y aun así eran aceptables ante Dios, y así muchas buenas obras son aceptables ante Dios hoy en día, aunque no sean ordenadas.

Respuesta: Sus ofrendas voluntarias fueron ordenadas por Dios y por lo tanto fueron aceptables. Eran libres solamente en relación al tiempo de ofrecerlas, pero la manera y los lugares donde debían ser ofrecidas, fueron designados por Dios.

Objeción 2. De nuevo, dicen que Finees asesino a Zimri y Cozbí con la aprobación de Dios, (Salmos 106:30 – 31), 75 a pesar de que no había un magistrado, y por lo tanto las obras que no fueron ordenadas por Dios pueden ser aceptadas por Él.

Respuesta: A pesar de que Finees no tenía ningún mandamiento externo, aún tenía el cual era responsable ante ello, es decir, un instinto extraordinario por parte del espíritu, a través del cual fue llevado a realizar ese acto, que era tanto como si Dios le hubiera dado un mandamiento explícito. Y eso podemos decir del ministerio de varios profetas antiguos, quienes por un instinto extraordinario fueron movidos a ello, y sobre esta base Elías asesino a los profetas de Baal (1° Reyes 18:40)

Objeción 3: En tercer lugar, la acción de María (como dicen) “al derramar un vaso de alabastro de perfume de gran precio sobre la cabeza de Cristo nuestro salvador” (Mateo 26:7), fue una buena obra, y no había ningún mandamiento para ello en la palabra de Dios.

Respuesta: La acción de María fue una obra de confesión por la cual testificó su fe en Cristo, y así se ordenó en general, pero no en particular. Una vez más, ella fue movida a ello por un instinto especial del espíritu, pues “lo hizo para prepararlo para la sepultura” (Como Cristo mismo testificó en Mateo 26:12), ya que su sepultura fue tan rápida después de su muerte, en relación con la proximidad del Sabbath, que no pudieron embalsamarlo como era la costumbre de los judíos. Ahora, cada instinto del espíritu de Dios en la conciencia del hacedor tiene la validez de un mandamiento particular.

Objeción 4: En cuarto lugar, el espíritu de Dios (como dicen) mueve a cada persona hacia a cualquier obra que se haga, y por lo tanto las personas no necesitan un mandamiento particular para cada obra, porque aquellas que son movidas por el espíritu no pueden sino hacer el bien.

Respuesta: Esto es verdadero, el espíritu mueve libremente a las personas hacia las buenas obras, pero este mover del espíritu es en y por la Palabra de Dios. Hasta el día de hoy, esos instintos que son aparte de la palabra, son antojos propios de las personas o ilusiones del diablo. Muchas otras razones se alegan para este propósito, para justificar sus votos de castidad, de obediencia regular, peregrinajes, Trentalls, [1] y cosas semejantes a estas, y sin resistirlas todas la verdad es esta: en esencia, una buena obra como tal, es ordenada, designada y decretada por Dios. Aquí, por cierto, podemos observar que están muy engañados quienes elogian al papado por sus buenas obras, pero la verdad es que todas sus veneraciones a las imágenes, las misas, los indultos y tales cosas, no eran buenas obras, sino según su opinión, ya que nunca fueron ordenadas por Dios. Ahora, es la voluntad revelada del Señor la que debe dar bondad a las obras del hombre. “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” (Miqueas 6:8)

2. LAS BUENAS OBRAS DEBEN SER HECHAS POR UNA PERSONA REGENERADA.

A continuación, añado, que las buenas obras deben ser hechas por una persona regenerada. El autor de una buena obra, no es todo el mundo, sino aquel hombre o mujer que es miembro de Cristo y nacido de nuevo por el Espíritu Santo, Cristo dice, “Así alumbre vuestra luz, etc.”, restringiendo su discurso a sus discípulos. Es cierto que, entre regenerados y no regenerados, muchos hombres comunes harán obras de misericordia, de justicia civil, liberalidad, y se abstendrán de pecados exteriores y vivirán ordenadamente. Ahora bien, estas obras y otras semejantes, aunque en sí mismas sean buenas buenas en la medida que son requeridas por la ley de la naturaleza o decretadas por la Palabra de Dios, pero de parte una persona no regenerada, son pecados; primero, porque provienen de un corazón incrédulo y corrompido por el pecado original (El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas. Mateo 12:35) y también se practican con los miembros del cuerpo, los cuales son armas de injusticia. Por la tanto, (dichas obras) son como el agua que brota desde una fuente corrupta y fluye por un canal sucio. Segundo, estas obras no se hacen para la gloria de Dios y el bien de los hombres. Tercero, tales obras no se hacen en obediencia a Dios según la ley de la bondad, la voluntad y la palabra de Dios, por eso no pueden ser buenas obras. Y esto debe enseñar todo aquel que quiera hacer el bien; trabajar por la regeneración por el espíritu santo, para que su persona sea buena, y así sus obras de obediencia sean buenas ante los ojos de Dios. Porque, así como es el árbol, así será su fruto: “No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” (Mateo 7:18). Debemos, pues, trabajar para ser incorporados a cristo, porque separados de él nada podemos hacer, solamente siendo participes de su gracia seremos “llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios” (Filipenses 1:1)

3. LAS BUENAS OBRAS SE DEBEN HACER CON FE.

En tercer lugar, añado que las buenas obras deben ser hechas con fe; porque la fe es la causa de toda buena obra, y sin fe es imposible hacer alguna. Ahora, al hacer una buena obra, se requiere una “fe doble”: en primer lugar, una fe general, por la cual un hombre es persuadido para lo que Dios requiere de él, la realización de la obra que toma en sus manos, como cuando un hombre da limosna debe ser persuadido de que es la voluntad de Dios que la de; y así para otras buenas obras, porque “todo lo que no proviene de fe, es pecado.” (Romanos 14:23), es decir, todo lo que no proviene de esta persuasión de la conciencia, que es la voluntad de Dios que tal cosa sea o no hecha, es pecado. Porque aquel quien duda de las cosas que hace, peca en ello, aunque lo que se hace sea bueno en sí mismo. En segundo lugar, aquí se requiere la fe que justifica, por la cual un hombre es persuadido en su conciencia de su propia reconciliación con Dios en Cristo. De esto se dice que: “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Esta fe que justifica tiene un uso doble en la causa de una buena obra: primero, da el comienzo a una buena obra, porque por esta fe justificadora, Cristo y su mérito es comprendido y aplicado a la persona que realiza la obra, y de este modo es unido con Cristo, quien renueva la mente, la voluntad y las afecciones de la persona de donde provienen las obras, así como el agua pura procede de una fuente limpia. En segundo lugar, la fe cubre los deseos que se encuentran en las buenas obras (porque la mejor obra hecha por el hombre en esta vida tiene sus deseos). Ahora, la fe comprende a Cristo y sus méritos, y aplica lo mismo a la persona, por la cual es aceptada, y la imperfección de su obra cubierta ante los ojos de Dios; y esto debe provocarnos trabajar por la fe.

4. LAS BUENAS OBRAS DEBEN SER HECHAS PARA LA GLORIA DE DIOS.

Por último, añado el propósito de una buena obra: la gloria de Dios en el bien del hombre. La honra de Dios debe ser el fin principal de cada buena obra. Ahora bien, la honra de Dios se mantiene en reverencia, obediencia y gratitud, para que cuando hagamos alguna buena obra, sea hecha en reverencia a Él, en obediencia a sus mandatos y como señal de nuestra gratitud a él por sus múltiples misericordias. El apóstol dice: “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Gálatas 5:14). ¿Cómo puede ser esto, ya que el amar al Señor nuestro Dios es el gran mandamiento de la Ley? Por lo tanto, debe entenderse que la ley de Dios debe practicarse en el amor por nuestro prójimo y no aparte por sí misma. De nuevo, el fin, de la vida del hombre y de todas sus obras es servir a Dios sirviendo a los hombres, y sirviendo a los hombres, servir a Dios. Cuando oramos (lo cual es una buena obra), no solo debemos considerarnos a nosotros mismos, sino orar por los demás, por la iglesia de Dios, por nuestros hermanos, así también como por nosotros mismos; y sí, por nuestros enemigos. Así que debemos oír la palabra y recibir sus sacramentos, para que así podamos ser más capaces de alentar a nuestros hermanos en el camino de la salvación. Esto es lo que nuestro salvador expresa diciendo: “…para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”, como si dijera: “Tu glorificas a Dios, y también haces que otros hagan lo mismo”.

APLICACIÓN:

En primer lugar, aquí podemos observar qué juzgar de las obras hechas por los papistas. Comúnmente se piensa que abundan en buenas obras, pero no es así. Sus mejores obras son pecados ante Dios, porque fallan principalmente en el propósito de hacer el bien, lo cual es glorificar a Dios en el bien de los hombres.

Porque los papistas que hacen una buena obra, según las reglas de su religión, lo hacen para satisfacer la justicia de Dios por el castigo temporal de sus pecados y para merecer el cielo por ella, así yerran completamente del fin correcto de una buena obra, respetando su propio bien y de ningún modo el bien de los demás.

En segundo lugar, podemos ver por nosotros mismos que tan lejos estamos de nuestras buenas obras, porque con frecuencia fallamos en el fin principal de las mismas. Los hombres gastan sus días y sus fuerzas en el trabajo y afanes, sin considerar el bien de sus hermanos. Ahora bien, todas estas acciones en las cuales los hombres se buscan a sí mismos y no la gloria de Dios en el bien de los otros, son pecaminosas igual que el hacedor, aunque por lo demás sean buenas en sí mismas. Y por lo tanto debemos aprender, en todas nuestras acciones, que el fin es la gloria de Dios en el bien de los hombres.

2. DOS CLASES DE BUENAS OBRAS

Hasta ahora hemos visto lo que es una buena obra. Ahora siguen las diferencias entra las buenas obras. Existen dos clases de buenas obras: primero, están aquellas que Dios ha ordenado en su palabra directamente como parte de su adoración. Tales son la oración, la acción de gracias, la recepción de los sacramentos, el oír la palabra y ayudar al pobre; y estas son los tipos principales de buenas obras. La segunda clase son acciones comunes, santificadas por medio de la palabra y la oración, y hechas para la gloria de Dios como lo es el comer, el beber y cosas semejantes. Porque lo que en sí mismo no es bueno ni malo, ni ordenado ni prohibido, puede ser hecho o rechazado con buena conciencia, sin embargo, porque Dios ha ordenado la manera en la que deben ser hechas, es decir, ser santificadas por la palabra de Dios y la oración (1° Timoteo 4:5), y el fin de esto es la gloria de Dios, por lo tanto, cuando se hacen así, se convierten en buenas obras.

En cuanto a esta diferencia de las buenas obras, observamos la amplitud de estas, cuán lejos se extienden. Existen 3 ámbitos ordenados por Dios: la iglesia, el bien común y la familia. Para la preservación de estos, se requieren distintos llamados, algunos de los cuales están prescritos por Dios y otros son dejados para ser designados por los hombres como todos los oficios y cosas similares. Ahora, no solo los llamados que son designados por Dios y sus deberes son buenas obras, sino también todos los llamados inferiores designados por los hombres para el bien de estos tres ámbitos; y estos deberes, aunque nunca tan viles, si son santificados por la oración y hechos para la gloria de Dios, son buenas obras. Por ejemplo; un hombre es llamado para ser Pastor y acepta voluntariamente este llamado. Ahora bien, aunque este llamado sea promedio y común, si las obras son hechas es obediencia a Dios, para el bien de su maestro, son buenas obras; y si, son tan buenas en su propia clase como las de los más altos llamados. Y lo mismo se puede decir de los llamados lícitos y sus obras, aunque nunca son tan comunes, porque Dios no juzga la bondad de las obras por la excelencia del asunto del que se ocupa, sino por el corazón del que las hace. Se debe aprender este punto, ya que la arrogancia de los papistas se adhiere fácilmente a los corazones de los hombres, de que no hay buenas obras aparte de la construcción de iglesias, hospitales, la reparación de las carreteras y la dádiva de grandes limosnas, etc., pero debemos aprender que cada acción del llamado legitimo del hombre, hecha en obediencia a Dios y para el bien del hombre, es una buena obra ante Dios. Por lo tanto, cada uno de nosotros debemos caminar en nuestros llamados, para que los deberes de estos sean aceptables antes Dios. De nuevo, esto es lo que sigue, que en nuestros días podamos abundar en las obras que sean buenas, como los papistas lo hicieron es sus supersticiones. Por esto se dan muchas de las diferencias en las buenas obras.

3. LA NECESIDAD, DIGNIDAD Y EL USO DE LAS BUENAS OBRAS.

Ahora de manera más particular, más adelante en el texto se establecieron 3 puntos en relación a las buenas obras: la necesidad, la dignidad y el uso de estas obras.

LA NECESIDAD DE LAS BUENAS OBRAS

La necesidad de estas obras aparecen por la orden de Cristo, quien dice: “así alumbre vuestra luz, etc.,” porque de esta manera el persuade a todos los cristianos, según los ejemplos de sus discípulos, a caminar en buenas obras. Si se dice que cristo nos ha librado de la ley, y, por lo tanto, ya no estamos sujetos a las buenas obras, yo respondo que Cristo nos ha librado de la ley, pero en cuanto a su maldición y rigor, pero no como una regla de la obediencia cristiana.

Pregunta: ¿Hasta dónde son necesarias las buenas obras para la salvación o para nosotros quienes las hacemos?

Respuesta: Hay tres opiniones referentes a la necesidad de las buenas obras: primero, la de los papistas, para quienes son necesarias como causas de nuestra salvación y justificación, pero esto ya ha sido refutado con anterioridad. Segundo, para algunos protestantes, quienes las consideran necesarias, aunque no como causas principales (porque dicen que solo somos justificados y salvados por Cristo), pero si como las causas que conservan nuestra salvación. Pero la verdad es que no son las causas de nuestra salvación, ni tampoco son eficientes, ni principales, ni que conservan, ni materiales, formales o finales como se ha demostrado en otras partes. La tercera opinión es la verdadera, que las buenas obras son necesarias, no como causas de la salvación, justificación, sino como consecuencias inseparables de la fe que salva en Cristo, por la cual somos justificados y salvados, al igual que como un camino es necesario para ir a un lugar.

LA DIGNIDAD DE LAS BUENAS OBRAS.

La dignidad de las buenas obras se expresa en esto; que son llamadas buenas. Ahora bien, son buenas solo en parte, no perfectamente, como lo muestro así: Como sea el árbol así será su fruto. Pero todos los regenerados son en parte espíritu y en parte carne; esto es, en parte regenerado y en parte natural y corrupto. Esto es cierto de su mente, voluntad y afecciones, las que son la fuente de todas sus acciones, y por lo tanto las obras que proceden de ahí deben ser responsables de las mismas, porque en parte son corruptas ya que vienen de la naturaleza, y sin embargo son en parte buenas porque vienen de la gracia.

Pregunta: Pero, ¿cómo puede Dios aprobarlas si son malignas?

Respuesta: Debemos considerar las buenas obras de dos maneras: primero, al ser comparadas con la ley y su rigor, son pecados, porque no responden a esa perfección que la ley requiere. Hay dos grados de pecados: las rebeliones, las que son acciones categóricamente en contra de la ley; y los defectos, como cuando un hombre hace aquello que la ley manda, pero falla en la manera en que lo hace, y así las mejores obras de los hombres son pecados. Segundo, considere las buenas obras, como hechas por una persona regenerada y reconciliada con Dios en Cristo, y así Dios les acepta, porque en Cristo las necesidades de ellas, están cubiertas. Pero aquí debemos prestar atención a la doctrina católica, la que enseña que las buenas obras son tan buenas que no hay pecado en ellas. Son muchas sus razones para probar este punto, pero ya han sido refutadas.

Primero, dicen que las buenas obras tienen a Dios como su autor, y por ello, ¿son perfectamente buenas?

Respuesta: Esto sería verdad si solo Dios fuese su autor, pero el hombre es otro autor, de quien toman su imperfección.

Dicen otra vez, que aquí se llaman buenas, pero si tuviesen algún pecado en ellas, deberían llamarse viles, porque cada pecado es perfectamente vil.

Respuesta: Donde el pecado no es redimido, es perfectamente malvado, pero cuando se perdona en Cristo nuestro salvador, es como si no lo fuera.

En tercer lugar, objetan que, si las buenas obras son pecaminosas, no deberían ser hechas, y en consecuencia dicen que por nuestra doctrina los hombres deben abstenerse de toda buena obra.

Respuesta: Aquello que es malo no debe ser hecho, en tanto que sea malvado. Ahora bien, las buenas obras no son simples y totalmente malvadas; son buenas en sí mismas, y en nosotros en parte, ya que vienen por gracia; por lo que deben ser hechas porque Dios las requiere de nuestras manos; y debido a su imperfección, debemos orar a Cristo nuestro salvador por perdón.

Y aquí, por consiguiente, podemos afligir de manera justa la orgullosa doctrina de los papistas, quienes enseñan que el hombre puede ser justificado por las buenas obras, cuando las mejores obras de cualquier hombre en esta vida, están manchadas por el pecado, y son irrefutables a esa perfección que es requerida por la Ley (Isaías 64:6). Debemos tener una mente diferente; es decir, que, por nuestras mejores buenas obras, Dios nos condene justamente, porque no las hemos hecho como debíamos. Por lo tanto, Cristo nos llama a decir de nosotros mismo que, “cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.” (Lucas 17:10).

EL USO Y FIN DE LAS BUENAS OBRAS

Aquí el uso de las buenas obras está establecido por Cristo nuestro Salvador para glorificar a Dios. Este no es todo el fin de las buenas obras; y por lo tanto propondré lo mismo, pero más profundamente con otros lugares de la escritura, porque aquí Cristo propone ese fin de las buenas obras que se relaciona con su propósito intencionado.

El uso y fin de las buenas obras es triple; de Dios, de nosotros mismos y de nuestros hermanos.

EN RELACIÓN A DIOS

Como las buenas obras están relacionadas con Dios, tienen 3 usos: primero, sirven como medios por los cuales damos testimonio hacia Dios de nuestro tributo y obediencia a sus mandamientos. Por medio de la creación, la preservación y la redención, Él es nuestro Señor y Dios, y determina leyes que debemos cumplir, por las cuales debemos tributo a él, y para que podamos mostrar y testificar, debemos andar en buenas obras tal y como lo ha ordenado en su palabra. Segundo, estas (buenas obras) sirven como pruebas de nuestro agradecimiento hacia Él por nuestra creación, redención, sus preservaciones sin límites tanto como para el cuerpo y el alma. La gratitud, de hecho, se muestra en su palabra, pero, aun así, la gratitud verdadera está en la obediencia, y esta se muestra al hacer buenas obras. Por lo que el Apóstol Pablo nos exhorta “a que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, …” (Romanos 12:1). Tercero, las buenas obras sirven para hacernos seguidores de Dios. Se nos ordena que; “como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos” (1 Pedro 1:15), y poner en práctica los deberes del amor los unos por los otros, “…como también Cristo nos amó,” (Efesios 5: 1 – 2). Por tanto, debemos caminar en los deberes de la ley moral, para que en ella podamos imitar a Dios. “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Juan 3:3).

EN RELACIÓN A NOSOTROS MISMOS

En segundo lugar, el uso de las buenas obras en relación a nosotros, es especialmente cuádruple: primero, sirven como testimonios externos de la verdad, de nuestra fe y profesión, y demuestra que la gracia en nuestros corazones no está en la hipocresía, sino en la verdad y la sinceridad. Y por esta razón, “¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre…?” (Santiago 2:21), porque sus obras testificaron que su fe fue cierta y sincera. Porque donde está el fuego de la gracia, no puede sino quemar; y donde está el agua de la vida, no puede sino fluir y enviar su flujo, en las buenas obras.

Segundo, sirven como señales y compromiso de nuestra elección, justificación, santificación, y de nuestra glorificación futura. Así como sabemos que un árbol vive por el fruto y el brote que produce, así también, al mantener un curso continuo de buena sobras, se conoce que un hombre está en Cristo, y tiene un verdadero derecho para todos sus beneficios. Por esto, cuando el apóstol quiere que los hombres “…diligentemente procuren hacer firme nuestra vocación y elección” (2pedro 1: 5 – 6), propone ciertas virtudes en las cuales deben andar, como las pruebas más evidentes de la elección que tenemos en esta vida.

Tercero, sirven para hacernos responsables a nuestro llamamiento santo, porque todo aquel que profesa el evangelio es llamado a ser un miembro de Cristo y una nueva criatura, cuyo deber es producir buenas obras: “os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre …” (Efesios 4: 1 – 2); y “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Efesio 2:10). Ahora, esto es una cosa aún más excelente para un hombre el ser responsable de su llamado. Cuando David era un pastor, vivió como tal y guardó las ovejas de su padre, pero cuando fue llamado para ser Rey, “se comportó como un rey para gobernar al pueblo de Dios” (Salmos 78:72). Y todo cristiano debería hacerlo así, ya que, al ser una nueva criatura, debe caminar como un hijo de Dios, y testificar su vocación al mostrar las virtudes de aquel quien lo llamó. (1 Pedro 2:9)

Cuarto; las buenas obras sirven para ser un camino por el que debemos caminar, para que recibamos las misericordias de Dios prometidas a sus hijos y escapar de los juicios advertidos contra los pecadores, porque la palabra de Dios está llena de las más dulces promesas para los obedientes y terribles amenazas contra la rebelión e iniquidad. Ahora bien, un hombre que anda en buenas obras, evita los caminos de maldad en los cuales “se iluminan los juicios de Dios” (Romanos 3:16), y se mantiene en los caminos de justicia, donde se derraman las misericordias de Dios. (Proverbios 3:17).

EN RELACIÓN A OTROS:

En tercer lugar, el fin de las buenas obras en relación a nuestros hermanos, es principalmente este; que por medio de nuestro ejemplo en el hacer el bien, podemos ganar a algunos para Dios y mantener a otros en obediencia a la verdad y evitar ofensas, por las cuales muchos retroceden. El contagio de un mal ejemplo, especialmente en los hombres de posiciones superiores, es tal, que no solo arrojará sus propias almas al infierno, sino que arrastrará muchos con ellos. Cuando el Rey Jeroboam pecó, “…hizo pecar a Israel.” (1 Reyes 15: 34). Por lo tanto, debemos mirar cuidadosamente todos nuestros caminos en lo que respecta a los demás, y así vivir de acuerdo a los mandamientos de Cristo en este asunto, para que aquellos que ven nuestras buenas obras, puedan ser ganados a la verdad, y de tal manera, glorificar a Dios quien está en el cielo. Y así vemos los fines de las buenas obras.

Ahora, considerando que las buenas obras son de tan excelente uso, somos exhortados a ejercitarnos en ellas con toda diligencia, por las cuales beneficiamos a nuestros hermanos, nos ayudamos a nosotros mismos y glorificamos a Dios. La pobreza de un hombre, tampoco debe impedirle cumplir con este deber, porque no solo las limosnas, los grandes obsequios para las iglesias, y las carreteras son buenas obras, sino también los deberes especiales del llamado licito de todo hombre hecho con fe, para la gloria de Dios y el bien de los hombres, para que el llamado nunca se base en esta pobreza, sino al hacerlo, con fe y obediencia, pueda obtener un testimonio seguro de su elección. Esta exhortación es muy necesaria, porque tan pronto como los hombres tienen la ocasión de cometer pecado, se sacuden del yugo de toda obediencia, ya que no hay manera de hacer buenas obras. Los papistas ciertamente hacen del mérito de la justificación y de la vida eterna, el fin de las buenas obras, pero esto ya ha sido refutado suficientemente con anterioridad.
[1]. Trentalls: Una serie de oraciones diarias estipuladas por la Iglesia Católica Romana.

Disponible en ingles en: https://purelypresbyterian.com/2018/11/19/what-makes-our-works-truly-good/

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