William Perkins y la búsqueda de la Piedad (Autor: Thomas, Geoff)

perkins

Sesenta años atrás un amigo mío era predicador en una congregación Reformada en Grand Rapids. La práctica en aquella congregación era que al término del sermón los ancianos se paraban  al frente de la iglesia y el predicador venía y daba la mano a cada uno de ellos. Así ellos mostraban a todos los presentes su solidaridad con las doctrinas enseñadas en el pulpito en aquella predicación.

‘Todos nosotros creemos que esas cosas son verdad’ afirmaban. Hubo una extraña ocasión cuando un anciano rechazó darle la mano.  Así que subsecuentemente los dos se reunieron y el anciano le explicó su descontento con algunas partes del sermón. Fue esto: ‘Tú enseñaste santificación progresiva’ y él estaba en lo correcto, absolutamente.  Mi amigo no creía solo en la santificación definitiva y puntual – indicando el cambio de estado y fuente que cada Cristiano experimenta en la regeneración – sino, creía también en la continua e incesante búsqueda de la santidad que es la marca y el esfuerzo del verdadero creyente.

El Cristiano debe trabajar su salvación con temor y temblor[1], mientras que tal actividad no hace ninguna contribución en absoluto al título de gloria del discípulo. Tal visión de la santificación progresiva fue la causa de la queja del anciano. Estaba totalmente en lo correcto, convencido que la salvación es completamente por la sola gracia de Dios, a través solo de la fe, en Cristo solamente, pero era negligente en cuanto a la responsabilidad que el creyente posee – quien puede hacer todas las cosas a través de Cristo que lo fortalece. Hacer progresos en la santificación no es una opción (Como en una visión del milenio[2]). Es una evidencia y marca vital del discipulado verdadero, el fruto de esa regeneración soberana realizada en nosotros por el Espíritu Santo para que el Cristiano sea alguien que persigue la piedad.

Crecemos en la gracia y conocimiento del Señor. Todo nuestro estado ha sido cambiado por la unión con Cristo, sí, pero la realidad de nuestra declaración de ‘estar unidos al Hijo de Dios’, debe ser exhibida en un modo completamente nuevo de vida, con nuevos esfuerzos, nuevas determinaciones y nuevas obras. Es así que somos “la luz del mundo y la sal de la tierra”. Hacemos progresos en nuestro diario ‘apropiarnos de Cristo el Señor’. Continuamente vamos a la iglesia y escuchamos la palabra, y adoramos a Dios todos los domingos, sin falta. Ese es un aspecto de nuestro compromiso personal con la santificación progresiva. Nos negamos a poner nuestras luces bajo un candelero y que simplemente se vuelvan oscuras.

Cuando un inquiridor preguntó a nuestro Señor si había mucha gente que iba a estar en el reino de Dios, él simplemente dijo al que le preguntaba que estuviera seguro de que él se estaba esforzando para entrar por la puerta estrecha (Lucas 13:24). Es irrelevante para nuestra peregrinación saber el número exacto de aquellos que son salvos y si vamos a estar en la mayoría o no. Todos podemos aventurar opiniones útiles sobre esa cuestión. Pero nuestra necesidad primaria es una vida caracterizada por haber entrado en el reino de Dios a través de Cristo, la puerta estrecha, y un andar diario en la senda estrecha, buscando la vida piadosa. Todo cristiano debe ser un luchador. Esa insistencia era una característica del ministerio en la predicación y en la escritura de William Perkins.

¿Cómo surgió esta convicción? Él nació en una familia católica romana nominal bajo el reinado de la reina María, familia que posteriormente con la mayoría de los ingleses se convirtió en una familia anglicana nominal bajo el reinado de la reina Isabel. Durante seis años William Perkins y Juan Calvino estuvieron vivos simultáneamente en el continente de Europa (Calvino murió en 1564). El año del nacimiento de Perkins fue 1558, y los primeros meses de su vida fueron un período inolvidable en la historia de Gran Bretaña. 40 cristianos evangélicos fueron quemados vivos durante ese tiempo, algunos no lejos del hogar de su niñez. Estos cuarenta mártires incluían a dos mujeres a las que se les llamaba Alice, apellidadas Snoth y Driver, y a otra anciana santa de edad  llamada Kathlene Knight, todas fueron incineradas por sus convicciones bíblicas a manos de hombres religiosos que pensaban que con tal cruel atrocidad estaban haciendo un favor a Dios. En total, durante los pocos años antes de que Perkins naciera y en los primeros meses de su vida, 280 hombres y mujeres, jóvenes y viejos, fueron torturados hasta morir quemados en la hoguera, una expresión de rabia romana contra la propagación del evangelio Cristiano.  La vid inglesa repitió las historias de valentía en miles de reuniones familiares alrededor de chimeneas de cocina, o enseñadas por maestros de aldeas, o anunciadas por predicadores itinerantes o declaradas desde miles de púlpitos. Aquellos hechos históricos relativos al ejército de mártires eran conocidos por toda Inglaterra y se podía hablar abiertamente cuando finalmente la Reina Protestante (Isabel) llegó al trono durante los primeros meses de la vida de Perkins cuando sucedió a su hermana María en noviembre de 1558. Con ocasión de la muerte de María, cuando Perkins tenía unos meses de edad, la quema de los creyentes evangélicos cesó inmediatamente. El liderazgo cristiano protestante transformó el país.

Nuestra sociedad hoy tiene la más alta necesidad de transformación bíblica a través de la gracia. Nuestro mundo está dominado por cuatro ideologías filosóficas y culturales; el individualismo radical – “Lo hice a mi manera”, luego, el consumismo generalizado, lo que la versión del Rey James llama “mamón”. Estuve presente hace unos meses en el servicio fúnebre de un habitante de mi ciudad natal que no había sido asistente de la iglesia durante años, y allí oí a su yerno darle este honroso tributo, que su suegro amaba dos cosas en la vida, “los jabones de la TV y las compras”.  Existe este consumismo omnipresente que caracteriza nuestra época. En tercer lugar, el secularismo, que declara que este mundo y nuestra vida pueden entenderse sin ninguna referencia a su Creador y su ley, el Dios que ha hablado y no es silencioso. En cuarto lugar, el estatismo progresista, el gran gobierno que se está convirtiendo cada vez más en el “hermano mayor”. En nuestras democracias no hay ningún manifiesto de partido que no tenga evidencia de un estatismo generalizado. Cómo anhelan controlarnos. Tales influencias como esas cuatro ideologías no aportan ningún significado o valor duradero a vidas que se viven tan rápidamente y luego deben enfrentarse a un encuentro abierto con el Dios viviente.

El legado de Perkins y de los Puritanos, con su insistencia en que el mensaje de la Biblia debe ser comprendido y proclamado, hoy, nos ha proporcionado recursos sumamente relevantes y útiles para relacionarnos con la cultura pluralista y atea actual. Reimprimir a Perkins y a los puritanos no es un ejercicio arqueológico muy pintoresco. Perkins nos proporciona la alternativa vital a las cuatro bestias que he mencionado que hoy están intimidando y engañando al mundo occidental. Él nos da una visión bendita, vital y optimista que hace que el corazón humano que lo recibe florezca. Lo hace con lucidez, elegancia y pasión. Le he encontrado tan fácil de leer, tan fácil como leer a Jonathan Edwards (excepto cuando escribe sobre la voluntad) o al Dr. Lloyd-Jones.

A través del redescubrimiento de la visión del mundo puritano, los hombres y mujeres favorecidos experimentan el gozo de la salvación, sabiendo que sus pecados son perdonados, que son salvos por la gracia de Dios a través de la persona y obra de Cristo, y que son amados y aceptados por Dios su Padre celestial. La serie de creencias y prácticas que la iglesia medieval había acumulado y que estaba promoviendo, fueron hundidas por la poderosa embestida sobre ellas de la espada del Espíritu, como el evangelio de Cristo fue declarado en hogares, aldeas y en prisiones, así también proclamado desde cientos de púlpitos.

¿CÓMO ENTONCES PERKINS BUSCÓ LA PIEDAD?

  1. A TRAVÉS DE LA CONVERSIÓN PERSONAL

Ese conocimiento que el protestantismo representaba, y el porqué los mártires murieron, no fueron la causa de la conversión de William. Eso habría sido mera fe histórica, o fe del sistema que él y su familia poseían, habiendo intercambiado socialmente un sistema romanista por un sistema anglicano. No podría haber ninguna búsqueda de la santidad fluyendo desde una visión tan impersonal del mundo religioso.

Hay indicios de que en su adolescencia William Perkins era un niño perdido, caminando por la senda ancha que conduce a la destrucción. Estaba viviendo una vida de contentamiento sin Dios. Era un típico estudiante de 19 años de la Universidad de Cambridge, profano, pródigo, yy amante del alcohol y la cultura de sus compañeros bebedores.

Pero en ‘La Escuela de Cristo’ había miembros cristianos entre su personal, especialmente uno que se volvió en su tutor personal, fue un hombre llamado Laurence Chaderton, y junto con él otros destacados hombres piadosos, Richard Rogers y Richard Greenham, hombres que habían sido amigos personales de algunos que fueron quemados en la estaca; estos, eran hombres con carácter. Así que Dios comenzó a trabajar en el corazón de William Perkins y este se convirtió. En otras palabras, él fue salvo de la culpa, señorío y castigo del pecado a través de la sangre y justicia sola de Jesucristo. Nació de nuevo. Siendo justificado por la fe, tuvo paz con Dios por medio del Señor Jesucristo.

Había sido humillado en una ocasión en particular durante esta temporada de conversión, cuando, estando en mal estado por su embriaguez, escuchó a una mujer advirtiendo a su niño obstinado  que se tranquilizara o ella lo entregaría al borracho de Perkins. “¿Es eso lo que la gente piensa de mí?”, Debió haber reflexionado como Dios lo condenó por su vida desperdiciada. Cuán importante puede ser una reprensión. Recuerde a la persona que reprendió a John Bunyan, que había regresado del servicio activo en la Guerra Civil, donde se había convertido en el héroe de los adolescentes de Bedford, por su lengua sucia, sus juramentos y su blasfemia. Podemos optar por reprender, pero siempre, conociendo nuestros propios corazones, con mansedumbre.

Así que William se arrepintió de sus infelices y estériles años y dio el resto de su breve vida a Jesucristo. Tenía 44 años cuando murió. Después de su conversión tuvo unas breves dos docenas de años de actividad cristiana. Así Perkins entró por la puerta estrecha y comenzó, en la ciudad de Cambridge como estudiante, esa feliz vida de seguir al Hijo de Dios. No hay otra manera de buscar la piedad; no por creer sistemas religiosos; no mediante la asistencia a servicios religiosos; no por sumisión a los sacramentos; no por resoluciones de abnegación. Es recibir a Cristo en la gloria de su persona y en la perfección de su obra terminada como nuestro maestro e instructor, nuestro Sacerdote y Cordero pascual, nuestro Rey Pastor, Señor de la providencia y Dios de nuestra santificación. Debemos tenerlo si queremos tener piedad. El primer desafío que enfrentamos aquellos de nosotros que están examinando a un candidato para el ministerio es verificar si tiene una profesión de fe creíble. ¿Es Jesucristo en verdad su Señor y su Salvador? ¿Ha pasado de muerte a vida? ¿Cómo, entonces, el convertido Perkins buscó la piedad?

  1. A TRAVÉS DEL ESTUDIO PERSONAL DISCIPLINADO.

Un hombre ferozmente inteligente, Perkins se graduó a los 21 años de edad, y ya los 24 años después de estudiar más a fondo recibió su M.A. Devoró libros, cuanto más leía, más entendía y más recordaba. Aprendió y evaluó rápidamente, capturando la enseñanza y era capaz de explicar a sus tutores el impulso de los autores. Durante seis años leyó las bibliotecas de Cambridge dejándolas secas, el mejor de los padres de la iglesia y los escritos recién producidos de los reformadores que él absorbió y comprendió, pudiendo dar un relato exacto y preciso de lo que estaban enseñando. Esto era una ventaja enorme para él en cuanto a la preparación para su ministerio.

Estudié durante tres años bajo algunos gigantes, Cornelius Van Til, John Murray, Edward J. Young, Ned Stonehouse, Meredith Kline y Ed Clowney. Estudié junto a algunos destacados compañeros de clase, Palmer Robertson, John Frame, George Marsden, Walt Chantry, Bob Den Dulk y Will Metzger. Nunca en mi ministerio subsiguiente me enojé por haber tenido un entrenamiento teológico inadecuado, aunque tristemente, a mi pesar, no me aproveché de todo lo que me ofrecían durante ese tiempo de mi vida. Ocasionalmente ministros agotados me han llamado diciéndome que estaban tomando un descanso de estudio sabático. Ellos estaban “fuera de la predicación”, dijeron, y ellos esperaron que se pudiera compensar un poquito su inadecuado entrenamiento a través de tomar algunos cursos de seminario. ¿Podría recomendar algo así? Debe haber miles de predicadores que se sienten como esos hombres, frustrados por la inadecuada preparación para su vocación bajo la enseñanza de lecturas modernas cerebralmente secas en las cuales crecieron, por desgracia, de manera tibia. Perkins, si te das cuenta, tenía los mejores profesores de Inglaterra. ¿Cómo siguió buscando la piedad?

  1. A TRAVÉS DE LAS SIGUIENTES DIRECCIONES PROVIDENCIALES Y LAS BUENAS OBRAS.

Descubrió que sus compañeros cristianos visitaban los domingos la cárcel local donde buscaban ayudar a los prisioneros con las comodidades terrenales y  predicándoles y testificándoles. Pronto William Perkins fue el principal estudiante a cargo de las constantes visitas del Día del Señor a las mazmorras de la prisión de Cambridge. Su ministerio era poderoso, convenciendo el número de estos miserables prisioneros de su pecado, doblándolos para tomar a Cristo como su Señor y Salvador.

Hubo una ocasión notable en que Perkins tuvo que acompañar a un convicto a la horca, un hombre al que había estado ministrando pero que debía ser colgado por sus crímenes. El hombre vio los instrumentos de su muerte, y, comprensiblemente, parecía asustado en su mente y medio muerto. -¡Qué! -le gritó Perkins. ¿Tienes miedo de la muerte? ¿Qué pasa? El hombre dijo que no tenía tanto miedo de la muerte como de lo que estaba después de la muerte. ‘Ven,’ dijo Perkins, ‘vea lo que la gracia de Dios hará para fortalecerte’. Así que se arrodillaron juntos y Perkins clamó poderosamente a Dios por este hombre, bendiciendo al Señor por su compasión al jefe de los pecadores, por las promesas de gracia hecha a todos los que oraron, ‘Dios ten piedad de mi, pecador’.

Al hombre se le quebrantó el corazón, y Perkins le subrayó el evangelio y la libertad de la gracia de Dios. Se nos dice que le mostró al condenado ‘cómo se cruzaron y se cancelaron las líneas negras de todos sus pecados con las líneas rojas de la sangre de su Salvador crucificado’ (The Works of William Perkins Volume 1, p.xii). Realmente le impuso al hombre el inconmensurable perdón de Cristo que podría ser suyo al confiar en sus palabras. El hombre lloró de nuevo por la merced que se le ofreció allí mismo. Subió los escalones una vez más a la horca y se enfrentó a la multitud y atestiguó su pecado y la salvación que se encontró en la sangre de Cristo, y luego aceptó la cuerda del verdugo con paciencia como alguien que había sido liberado del infierno por el Señor Jesús, a quien pronto se encontraría en gloria. Murió valientemente al silenciar a los espectadores, vendedores ambulantes y payasos (que característicamente ganaban dinero con esas reuniones) y a la seguridad de que Perkins recibió que este hombre que había llegado a conocer de que había sido trasladado del reino de las tinieblas al reino de El propio Hijo de Dios. En otras palabras, mi énfasis es esto, que Perkins no era una cabeza de huevo[3] que podía hablar solo con otros cabezas de huevo. Aprendió su retórica, el “Arte de profetizar”, como él lo llamaba, al hablar en la cárcel de Cambridge a analfabetos y pecadores carnales. No te conviertes en predicador asistiendo a un seminario, del mismo modo que un vuelo a África no te equipa para convertirte en misionero. ¿Cómo te está usando providencialmente Dios ahora? Entonces, ¿cómo persiguió Perkins la piedad?

  1. A TRAVÉS DE CONVERTIRSE EN UN PREDICADOR DEL EVANGELIO

Inmediatamente después de recibir su título de M.A., fue nombrado ese mismo mes predicador en St. Andrews, la iglesia al otro lado de la calle de su universidad, Christ’s. Esta era su principal vocación, pero también fue nombrado conferenciante en el Christ’s College, de modo que habló allí a los estudiantes, dio conferencias y enseñó. Él catequizó a los estudiantes en Corpus Christ College los jueves, guiándolos por los diez mandamientos, y los domingos por la tarde aconsejaba a hombres como Richard Sibbes, John Cotton, John Preston y William Ames y muchos otros. Esa actividad y el legado de los diez volúmenes de sus escritos son las razones por las que se le considera el padre del puritanismo, incluso el proto-puritano de Inglaterra. De esta forma hemos visto cómo Perkins persiguió la piedad.

CÓMO PREDICAR ALIENTA LA BÚSQUEDA DE LA PIEDAD.

Para Williams Perkins, un verdadero predicador era un cristiano a quien Dios había dado autoridad para redimir a los pecadores arrepentidos del infierno y la condenación. Él agrega, ‘Por supuesto, el ministro no es el medio para resolver esta redención. Eso pertenece total y exclusivamente a Cristo mismo, pero el ministro es el instrumento de Dios y el instrumento de Cristo: primero, aplicar los medios de reconciliación; y segundo, pronunciar al individuo para que sea seguro y entregado cuando se usen estos medios’ (The Art of Prophesying, Banner of Truth, p.115).

Es el mayor honor para un hombre ser llamado al ministerio. Es el mayor privilegio que se le da a hombres o ángeles. Lo que es una comisión para liberar a los hombres del poder y la condenación del infierno y hacerlos herederos del cielo. Perkins dice: En relación con algunos llamamientos, Dios le dice a una persona: “Trabaja y construye casas, proporciona a los hombres sustento”. Al médico le dice: “Cura a ese hombre”; al abogado: “¡Haga justicia a ese hombre!” al soldado: “Lucha por él”; al magistrado: “defiéndelo”; al rey: “Gobierne, y vea que cada uno haga su deber”. Pero es exclusivamente para el ministro que Dios dice: “Líbralo de descender al abismo” (Perkins op, cit., P.116). Por lo tanto, es trágico ver cómo algunos, al no predicar en absoluto, y a otros por su vana predicación, muestran cómo tienen la intención de algo, excepto ganar almas para Dios” (op.cit p.117). “Permítales predicar, para que puedan regresar su comisión del Señor con estas palabras: “Tú me diste este pueblo, Señor, y me dijiste que los liberara, para que no descendieran al infierno. Lo he hecho. Es lo que mi alma apuntaba con toda mi energía y deseo. Por tu misericordia he completado la tarea”‘ (op. Cit. P.117).

El predicador recibió el don de enseñar la palabra de Dios, y en el Nuevo Testamento es comparado con un pilar. La razón de esto es que su cargo es sostener y apoyar a toda la congregación “por doctrina, oración, consejo y una buena vida. Eliseo fue llamado por Joás, “los carros y la caballería de Israel” (2 Reyes 14:14). Y la iglesia de Dios sobre la tierra se llama “la columna y la tierra de la verdad” con respecto al ministerio de la palabra (I Timoteo 3:15). . . Por supuesto, todos los creyentes deben resistir firmemente la tentación en contra de sus enemigos espirituales (Efesios 6:13), pero esto será mejor si son dirigidos por el buen ejemplo de sus maestros” (William Perkins, Obras, Volumen 2, p.95).

Pero, por supuesto, no es el tipo de predicación la que Dios bendice para la salvación de los pecadores. La predicación, insiste Perkins, debe ser “simple y clara, adaptada a la comprensión de los oyentes y apropiada para expresar la majestad del Espíritu”. Por esta razón, no se debe usar en el sermón ninguno del vocabulario especializado de las artes, ni las frases griegas y latinas, ni los extrañas vueltas de la frase. Estos distraen las mentes de aquellos oyentes que no pueden ver la conexión entre lo que se ha dicho y lo que sigue. Además, las palabras inusuales obstaculizan en lugar de ayudar a las personas en sus esfuerzos por comprender lo que se dice, y también tienden a alejarse del tema en cuestión. En esta conexión, también, la mera narración de historias, así como las declaraciones vulgares o tontas, deben evitarse” (The Art of Prophesying, p.72).

La predicación también debe expresar la gracia que está en el corazón del ministro. ‘La gracia de la persona es la santidad del corazón y una vida sin mácula. Si bien estos no califican en sí mismos a nadie para ser un ministro, nadie puede hacer el trabajo del ministerio sin ellos. . . Es una cuestión fácil mostrar la sabiduría en palabras; debes enseñarme a vivir por tu vida; esta es la mejor enseñanza. ¡Las palabras no hacen una gran impresión en el alma como lo hacen las obras! Un ministro que es inicuo, ya sea abiertamente o en secreto, no es digno de comparecer ante el rostro del Dios más santo y todopoderoso. Por eso los juicios de Dios permanecen, para que los ministros inicuos tiemblen ante ellos” (op cit p.73).

Pero es la palabra de Dios, no la elocuencia del predicador lo que crea la piedad. Todos los creyentes deben someterse para ser limpiados y reformados por la Palabra de Dios. “Ustedes están limpios (dice Cristo) por la palabra que les he hablado” (Juan 15: 3). Nuestro Señor hace que la Palabra de Dios sea el instrumento de nuestra purificación; para un efecto similar dice en su oración al Padre: “Santifícalos en tu verdad, tu palabra es la verdad” (Juan 17:17). . . Si (a través de la predicación) vemos alguna impureza en nuestros corazones o vidas, debemos purgarla mediante esta Palabra, y no regresar más a la inmundicia de nuestros pecados anteriores. Es la marca de las ovejas de Cristo que escuchan su voz, y obedecen la misma. Por eso testificamos que somos sus ovejas. Permítannos, por la búsqueda de la piedad, distinguirnos de los perros y de los cerdos” (Perkins Works, Volumen 1, p.622).

Pero no hay una bendición garantizada en donde la conversión o la piedad acompañarán invariablemente  a la predicación de la palabra. Después de predicar tenemos que inclinarnos ante la soberanía de Dios y decir: ‘Aun así, Padre, te pareció bien ante tus ojos’. Perkins nos recuerda a Noé, cuando en un sermón, Perkins dice: ‘En ciento veinte años’ predicando en ambas cosas,  palabra y acción, Noé no pudo convertir a una sola persona a la fe y arrepentimiento. Una cosa muy temerosa, si lo consideramos bien, es que tanto predicar como el hacer el arca no pudieron convertir a uno solo de los hijos de Lamec, Matusalén o Enoc para creerle, sino mas bien ellos prefirieron ser engañados en la vanidad general de ese mundo malvado, en lugar de servir a Dios con Noé… Tal respuesta ha sido la suerte de muchos santos profetas… y cuando parecen no hacer ningún bien, sino que los hombres se vuelven cada vez peores, esto debe humillarlos y devastarlos en sí mismos y hacer que estén seguros de que el poder y la virtud no están en ellos, sino que están en Dios,… Sin embargo, ya sea que su trabajo sea “el sabor de vida para vida” o de “muerte para muerte” para sus oyentes, esto es “para Dios un dulce sabor de Cristo” (2 Cor 2:15 y 16) (Perkins ‘Works, Volumen 3, pp.108 y 109). Nosotros sembramos, plantamos y regamos. Debemos perseguir la piedad en nuestra predicación, pero nunca debemos olvidar que solo Dios puede dar el crecimiento.

LAS TRES PRINCIPALES MARCAS DE LA PIEDAD VERDADERA.

Al final de su exposición monumental del Sermón del Monte, Perkins examina la conclusión de Jesús en la parábola del sabio constructor que cimentó su casa a tierra en la roca. Nuestro Señor usa a este superviviente de la tormenta como el gran ejemplo del verdadero discípulo piadoso. Tal hombre escucha la enseñanza de Cristo y luego hace lo que el Señor dice a lo largo de todos los años restantes de su vida. ¿Qué es hacer esta voluntad de Dios? ¿En qué consiste? Hay tres elementos esenciales, dice William Perkins (Works of William Perkins, Volume 1, pp. 696-698)

  1. LA FE QUE SALVA

Perkins apela a las tres características de la fe salvadora que la teología evangélica siempre ha utilizado desde su época hasta la de John Murray.

I] Conocimiento. El mundo debe saber quién es Jesús. Los niños que abusan del nombre de Jesús con sus execraciones intolerables no saben nada de quién es el Señor Cristo. Se les debe decir esto antes de que puedan confiar en él. Todos debemos escuchar la mejor predicación todos los domingos para informar a nuestras mentes de esta persona extraordinaria. ¿Quién es él, y qué dijo y qué hizo, y por qué dijo y hizo esas cosas? Los hombres deben apropiarse del conocimiento que Dios se ha tomado tanta molestia de revelar al mundo.

II] Asentimiento. El nuevo conocimiento debe ir acompañado de un evento de reconocimiento cuando te das cuenta de que estas palabras son realmente verdaderas, la “verdad verdadera” fue la frase de Schaeffer. Son las palabras perdurables de Dios. Ellas son, tú crees, una revelación divina dada para nuestra salvación.

III] Aplicación. Así es como Perkins lo llamó. Usualmente usamos la palabra ‘confianza’; en otras palabras, nos aplicamos a las verdaderas palabras de Dios y las hacemos nuestras. Nos confiamos, cuerpo y alma por el tiempo y la eternidad, a ellas. Nos apropiamos de nosotros mismos. Ingerimos el pan de la vida; tomamos el agua de la vida. No puede haber crecimiento, ni alimento ni piedad a menos que hayamos recibido personalmente a Cristo como se nos ofrece libremente en el evangelio. Confiamos en todo acerca de Cristo, sus advertencias y sus promesas, y todo lo que sus apóstoles han dicho acerca de él, y luego vivimos en consecuencia, en la luz y el poder del que habla, actuando como Cristo.

Toma nota de tres cosas, agrega Perkins. Toma nota del comienzo de tu fe; Viste tu pecado y tu miseria, y oíste hablar del Cordero de Dios que había venido para quitar el pecado del mundo, y trabajaste contra tu incredulidad para tenerte a ti mismo en la cobertura de su sangre. Ese es el comienzo de la fe, y luego está el fruto de su fe, ese cambio consecuente en todo su ser en tales asuntos, sus actitudes, entusiasmos, delicias, comprensiones, valores, ambiciones y satisfacción. Todas las cosas han sido hechas nuevas, y has descansado en la voluntad de Dios, como Isaías dice, ‘el que creyere, no se apresure’. (Isa.28: 16). Entonces, en tercer lugar está la constancia de tu fe. De ahora en adelante vivimos confiando siempre en Dios, incluso cuando podemos sentir y no ver muestras de la misericordia de Dios. Perkins dice: “De hecho, el que abandona la misericordia de Dios cuando está angustiado, tiene la seguridad de que nunca tuvo fe verdadera, pues el justo vivirá por la fe en todas las condiciones y estados, y junto con Job confiará y esperará en Dios aun cuando el Señor mismo lo matare”. (op.cit. P.697). Así que la piedad se muestra en esta confianza salvadora en Dios. Entonces hay…

  1. EL ARREPENTIMIENTO QUE SALVA

Perkins dice que el arrepentimiento es el fruto de la fe, y explica: “En el verdadero arrepentimiento hay dos cosas: su comienzo y su naturaleza. El comienzo de esto es una tristeza piadosa cuando un hombre es afligido correcta y directamente porque por su pecado él ha ofendido a Dios, quien ha sido para él un Padre tan amoroso en Cristo. Esto causa el arrepentimiento para salvación, del cual no hay que arrepentirse (2 Cor. 7:10) y no surge tanto del miedo al castigo sino a partir de la consideración de la misericordia de Dios, por lo que un hombre está disgustado consigo mismo por ofender a un Dios tan amoroso, que ha sido tan misericordioso y generoso con él en Cristo. La naturaleza del arrepentimiento se encuentra en el cambio de mente, cuando cualquier persona abandona el propósito de pecar, y por la bendición y la gracia de Dios toma un nuevo propósito, el de nunca más pecar. Esto es arrepentirse, y si esto es verdad, seguirá el cambio de voluntad, de los afectos y de todas las acciones de la vida “(Perkins op.cit. Pp. 697-698). Él tiene el propósito de no volver a pecar nunca más.

Recuerdo que Iain Murray me habló de una ocasión en su primer año como converso cuando llevó a un amigo no cristiano a una reunión evangelística. Al final, el evangelista invitó a las personas a confesar su fe al venir al frente. Su amigo se bajó del asiento y caminó hacia el frente y Iain lo acompañó, y fueron a la sala de consejeros donde Iain le explicó el evangelio a su amigo y luego rezaron. El hombre tristemente solo dijo esto, ‘Oh Dios, ayúdame a nunca más a pecar’.

Inicialmente, la nariz de Iain estaba desacomodada al escuchar esa oración. Él no esperaba nada como eso; los libros de evangelización nunca dijeron nada acerca de ese tipo de  oración, pero cuando, más tarde, Iain consideró esa oración, vio cómo todo el evangelio estaba en ese clamor. Aquí estaba el deseo de un pecador arrepentido, ser liberado por completo del pecado, su peor enemigo. Ese arrepentimiento salvador es la segunda marca de la búsqueda de la verdadera piedad. Y finalmente…

  1. UNA NUEVA OBEDIENCIA SALVÍFICA

La raíz es la fe en Cristo. El compañero inseparable es el arrepentimiento, y el fruto es la obediencia. Esa es la verdadera piedad. Perkins dice: “Un hombre dotado de fe y arrepentimiento, de acuerdo con la medida de la gracia recibida, se esfuerce por obedecer todos los mandamientos de Dios, de todos los poderes y partes de su alma Y cuerpo” (op. Cit. P .698). Es nuestro deber eterno vivir en obediencia a nuestro Señor, pero sería una total ruina vivir de acuerdo con “nuestra obediencia”, en lugar de vivir en la obediencia de Cristo. Perkins llama a esto una “nueva” obediencia salvífica, nueva porque es una renovación de lo que en el hombre se perdió en la caída de Adán, pero que ahora ha sido renovado a través del último Adán. Qué diferente es esa sumisión salvífica a nuestro Señor Jesús en contraste a las resoluciones de hombres y reformas temporales.

Perkins reconoce que es cierto que “muchos hipócritas tienen una reforma de la vida, pero sin embargo fracasan”. Lo hacen de dos maneras; primero, su reforma es solo externa y no interna. Su obediencia, voluntades y afectos siguen siendo malvados y corruptos, y en segundo lugar, su obediencia es parcial; es solo por algunos de los mandamientos de Dios, no por todos ellos. Así fue con Herodes; escucharía a Juan alegremente y haría muchas cosas, pero aun así no abandonaría a la esposa de su hermano. No obstante, la verdadera obediencia que procede de la fe y arrepentimiento verdaderos, tiene estas siguientes cuatro cabezas y ramas: primero, un cristiano debe usar su mente y “probar la buena voluntad de Dios” (Romanos 12: 2); en segundo lugar, debe reprimir su vida de ofensas externas que tienden a deshonrar a Dios y escandalizar a la iglesia; en tercer lugar, debe mortificar las corrupciones internas de su propio corazón; en cuarto lugar, debe esforzarse por concebir nuevos afectos acordes a la voluntad de Dios, y llevar adelante y practicar buenas obras, demostrando obediencia tanto externa como interna a Dios’ (op cit p.698). Esto es vivir la verdadera vida cristiana que siempre busca y persigue la piedad.

Traducido por Cristián Gangas del Río

Permiso de traducción concedido por The Banner of Truth, UK.

Artículo original, publicado el 9 de junio de 2017: https://banneroftruth.org/uk/resources/articles/2017/william-perkins-pursuit-godliness/

[1] Vea Filipenses 2:12 (N. del T.)

[2] Una visión del milenio, es decir, una postura escatológica. (N. del T.)

[3] Egghead, cabeza de huevo, es decir, una persona meramente intelectual.

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